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La vulnerabilidad es un superpoder. ¿Cómo se la enseñamos a los niños?

Tres adolescentes sentados juntos en unas escaleras de cemento al aire libre; uno de ellos se gira hacia los otros mientras conversan.

Las mujeres dicen a menudo que aman a un hombre capaz de llorar. Pero no le hemos puesto fácil ser ese hombre.

Durante generaciones les hemos pedido a los niños que sean fuertes. Sé el protector. Aguanta. Carga con el peso.

No quiero desechar eso, y no creo que debamos hacerlo. El valor y la firmeza importan. Me he apoyado en ambos en los hombres que quiero.

Lo que quiero es ampliar nuestra definición de fuerza.

En algún momento, la fuerza se redefinió en silencio como no soltar nunca el peso, no mostrar nunca miedo, no admitir nunca que algo duele. Eso no es fuerza. Es soledad con cara de valiente.

La verdadera fuerza es saber cuándo el peso se ha vuelto demasiado pesado para cargarlo solo.

He estado pensando en cómo criamos a nuestros hijos varones en comparación con nuestras hijas. Con ellas empujábamos la puerta. Preguntábamos una y otra vez. Con ellos, cuando decían que estaban bien, respetábamos ese límite y les dábamos espacio.

Sabiendo lo que sé ahora, estas son tres cosas que haría distinto.

1. Enseñaría las emociones como una habilidad para la vida

Les enseñamos a los niños a nombrar colores, números y animales, pero rara vez dedicamos el mismo tiempo a enseñarles a nombrar lo que ocurre dentro de su cuerpo y de su mente.

«Bien», «cansado» y «estresado» pueden esconder emociones mucho más grandes: miedo, vergüenza, soledad, duelo o angustia.

Un niño que no sabe nombrar lo que siente puede demostrarlo de otras maneras. Puede enojarse, cerrarse, tomar riesgos o desaparecer dentro de una pantalla. La emoción no se va porque no pueda explicarla.

Yo haría preguntas más específicas:

«¿Qué te pesó hoy?»

«¿En qué parte del cuerpo lo sientes?»

«¿Quieres que te escuche, que te ayude o que simplemente me quede contigo?»

El vocabulario emocional no es blandura. Es equipamiento. Le da a un niño otra manera de responder antes de que el dolor se convierta en silencio, enojo o desesperanza.

2. Dejaría que mis hijos vieran humanos a los hombres que admiran

No podemos decirles a los niños que la vulnerabilidad es valiente si solo ven a mujeres practicándola.

Los niños necesitan padres, entrenadores, maestros, hermanos y líderes capaces de decir:

«Eso me dio miedo.»

«Me equivoqué.»

«Necesito ayuda.»

Cuando un hombre de confianza habla con honestidad del miedo, la decepción o el duelo, le muestra a un niño que las emociones no anulan la fuerza.

Ser vulnerable no significa contarlo todo a todo el mundo. Significa ser honesto con personas seguras en lugar de fingir que somos invencibles.

Un hombre puede ser de fiar y aun así necesitar apoyo. Puede aguantar y también saber cuándo es momento de pedirle a alguien que lo ayude a aguantar.

3. Escucharía más tiempo antes de intentar arreglarlo

Cuando alguien a quien queremos está sufriendo, nuestro instinto suele ser resolver el problema o hacer que la emoción desaparezca.

«Vas a estar bien.»

«Sacúdetelo.»

«Otros la pasan peor.»

Puede que lo digamos para animar, pero un niño puede escuchar otra cosa: esta emoción no es bienvenida aquí.

Yo iría más despacio. No me alarmaría, no daría un sermón ni saltaría a una solución. Diría:

«Gracias por contármelo.»

«Eso suena muy difícil.»

«Lo vamos a resolver juntos.»

Y luego seguiría preguntando, porque los niños no siempre cuentan toda la historia la primera vez.

La meta no es criar niños que nunca tengan dificultades. Es criar niños que sepan que tener dificultades no los hace débiles, que pedir ayuda no los convierte en una carga, y que el amor no es algo que tengan que ganarse fingiendo que están bien.

Esto es lo que me da esperanza. Después de ver Angst, el 78 % de los estudiantes dice estar más dispuesto a hablar de la ansiedad, y el 82 % dice que es más probable que se acerque a alguien más que esté pasándolo mal. La cifra sube cuando se trata de un amigo. Los niños cruzarán esa puerta todas las veces que haga falta, y una vez que la han cruzado por otra persona, el camino para cruzarla por sí mismos es mucho más corto.

La vulnerabilidad no es lo contrario del valor.

La vulnerabilidad es el momento en que el valor se vuelve visible.

Criemos niños capaces de cargar el peso, de soltarlo y de buscar otra mano cuando la necesiten. Eso no es menos masculino. Eso es plenamente humano.

Y esa es una forma de fuerza más grande y más valiente.


En Impactful Fund creemos que las historias abren corazones y que las habilidades salvan vidas. Este septiembre, durante el Mes de la Prevención del Suicidio, ponemos una luz más intensa sobre la salud mental de los niños y los hombres, y ayudamos a las familias a empezar estas conversaciones antes de que haya una crisis.

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